Recuerdo la primera vez en que nuestras miradas se cruzaron. Yo caminaba rápido, con ese afán sin dirección, esa prisa por llegar a un destino incierto. Él, en cambio, se mantenía sereno, parecía presente con su mirada fija y cautivadora. Y así, en ese instante, aterricé en el presente. Sus ojos café oscuro con un tinte de miel trazaban un mapa en ...


