Después de una horrible guerra que arrasó con todos los habitantes de aquella aldea, la niña, con tan solo tres años de edad, fue la única sobreviviente. Su padre era el rey de aquella tribu, era un hombre poderoso y muy fuerte, jamás había sido derrotado y su madre era la mujer más hermosa de la tribu y también la más inteligente, era ella quien organizaba las estrategias de batalla con las que siempre ganaban, tenía el poder curativo, sabía usar las plantas para curar a quienes enfermaban o regresaban heridos.
También organizaba a las demás mujeres de la tribu para esperar a los hombres luego del combate. Esa noche fueron atacados vilmente, prendieron fuego a todas las chozas de la aldea y mataron uno a uno de sus habitantes. Pero la reina, escondió a la niña, evitando así que fuera descubierta, le dio un beso en la frente y le dijo que ella estaría bien.
Corrió y la escondió entre los matorrales, en medio de la oscuridad; ella sabía que si huía igual la buscarían, así que regresó y la asesinaron junto a su esposo. La niña despierta al otro día, bajo el ardiente sol, en medio de la nada, una llanura se ve a lo lejos, la niña llora desesperadamente, tiene hambre, tiene sed, pero aún no sabe hablar. Su lloriqueo atrae varios animales salvajes, pero de repente aparece un león enorme, su melena brillante y su rugido espanta a los demás, se acerca a la niña que también calla al escuchar el rugido. La niña monta sobre su lomo y el león la lleva cerca a un río donde puede tomar agua y refrescarse.
El león se convierte en el guía y protector de la niña, le enseña lo que puede y no puede comer, pero nunca han estado solos, siempre han tenido la vigilancia de un ángel. Un buen día cuando la niña comienza a balbucear, pero no logra decir palabras, sino rugidos imitando al león, el ángel aparece frente a ellos, el león de inmediato siente la energía divina y hace un gesto de reverencia agachando su cabeza. Este ser parece físicamente un hombre, pero le dobla en altura al hombre más alto, se ve mucho más delgado que los hombres de la tribu de la niña, es completamente calvo y su color de piel es igual al de la niña.
Al estar frente al ángel, la niña tiene una sensación de paz y logra comunicarse con él .
Debes regresar- Dice el ángel.
¿A dónde? – Pregunta la niña.
A casa- Responde el ángel.
El león hace un rugido y el ángel responde:
Gracias por cuidarla, pero ella no pertenece aquí.
¿Quién eres? – Pregunta la niña.
Soy tu ángel guardián- Responde.
El león nuevamente interviene con un rugido y el ángel responde:
Sí, tú también eres su guardián.
¿Puede ir el león conmigo? – Pregunta la niña.
No, él deberá quedarse. Responde el ángel.
La niña llora y abraza al león aferrándose a tanto él que el ángel no logra separarlos. El ángel lleva consigo un bastón con el que golpea la tierra generando una vibración que se asemeja a un temblor y aún así la niña y el león no quieren desprenderse.
El león ruge y la niña le dice al ángel: Él me salvó.
Y tú a él- Responde el ángel.
Pero el lugar al que vas no podrá ir contigo- Replica el ángel.
El león se aparta mientras ruge, la niña llora y se va con el ángel. La deja cerca a una aldea donde puedan encontrarla otros seres humanos, la recogen y la crían como otra hija junto a los otros, el tiempo pasa y la niña no dice palabras, solo ruge como un león, mientras los otros niños de la aldea se burlan, sus padres adoptivos la llevan con un curandero y él les dice que todo está bien, solo es que no quiere hablar.
La niña sigue creciendo, pero se aparta de los otros niños. Hace todo lo que sus padres le enseñaron para vivir en la aldea, pero no habla. Un buen día, le piden que vaya al río por agua y ella encuentra allí al ángel.
¿Por qué no hablas? – Pregunta el ángel.
Porque cuando hablo ellos se ríen de mí- Responde la niña.
Tienes que hablarles en su idioma- Responde el ángel.
¿Por qué no hablan el mío?- Pregunta la niña.
El ángel la lleva al río para que vea su reflejo y se de cuenta que es un ser humano.
Eres alguien muy especial con unos dones extraordinarios que podrás usar en esta y en todas tus vidas, solo deberás aprender a usarlos- Le dice el ángel.
Yo quiero ser un león- Responde la niña.
Tú puedes serlo si quieres, pero debes aprender a controlarlo- Replica el ángel.
La niña regresa a la aldea y le cuenta a sus padres lo que sucedió en el río, ellos sorprendidos de escucharla hablar por fin, pero también asombrados por su imaginación. La llevan nuevamente con el curandero, quien les dice que tengan mucho cuidado con ella porque puede tener un espíritu maligno, le envía a tomar una medicina y hacer algunos baños con unas piedras en el río. La niña empieza a enfermar, se deshidrata debido a una fiebre alta. La gente en la aldea hace unos ritos promulgados por aquel curandero para alejar a los malos espíritus, prenden fuego y la niña se asusta, por su mente pasan nuevamente las imágenes del fuego en su aldea, su fiebre aumenta.
La niña comienza a rugir, los rugidos asustan a sus padres y llaman al curandero, este les dice que es el espíritu maligno queriendo salir, ella pide agua y se la niegan. De repente empiezan los gritos en la aldea, ha llegado un león enorme y con él vienen muchos más, las personas asustadas usan las armas para defenderse de los leones, pero estos son más ágiles. El león rescata a la niña y la sube en su lomo, se van muy lejos de esa aldea, pero la está muy débil, el león la arropa con su melena y emite un rugido. El ángel aparece con su llamado.
¿Quieres que ella siga viviendo?- Pregunta el ángel al león.
El león ruge implorando por su vida, el ángel nuevamente golpea la tierra con su bastón generando un pequeño temblor y un rayo desciende de la luna sobre ellos, uniendo al león y la niña. Cuando la niña despierta y se acerca al río a tomar agua, ve el reflejo del león.
¿Ahora soy un león? – Pregunta la niña entusiasmada.
Tú querías serlo- Responde el ángel.
¿Por qué me concediste el deseo? Pregunta la niña con asombro.
Yo no fui, ese es tu poder- Responde el ángel.
¿Puedo convertirme en lo que yo quiera?- Preguntó la niña.
Puedes verte como tú quieras, pero debes prometer que jamás volverás a dudar de tu poder- Responde el ángel.
Desde aquella noche, la niña comprendió que nunca estuvo sola. El ángel que la guió y el león que la protegió no venían de otro mundo, sino de lo más profundo de sí misma. Ella era la ternura que abraza, la fuerza que ruge, y la inocencia que confía. Y aunque el mundo siguiera siendo el mismo, ella ya no era igual. Porque una vez que recuerdas quién eres, nadie puede volver a apagar tu luz.



Añadir un comentario